#Opinión
La política de sanciones económicas impuestas a Rusia por los países afiliados a la OTAN Y dirigida por Estados Unidos han terminado por hacer crisis en el mundo occidental. El efecto boomerang de las sanciones económicas han puesto en riesgo la economía europea y han provocado una auténtica crisis energética que ha detonado una escalada inflacionaria mundial.
Con la inminente llegada del invierno los activos de gas y petróleo no han podido reponerse con la importación hacia Europa de energéticos de otras regiones del mundo.
La decisión rusa de cerrar la llave del gasoducto nord stream en forma indefinida pretextando su mantenimiento, ha agudizado la crisis y el nerviosismo en toda Europa.
El frío, sí, el invierno ruso vuelve a hacer de las suyas. Ese mismo frió que derrotó primero a Napoleón y después a Hitler, hoy pone en riesgo a la Alianza del Atlantico Norte pues a medida que el invierno se acerca sin que existan fuentes alternativas y suficientes para abatir la demanda, en esa medida empiezan a ser derrotadas las sanciones económicas dictadas contra Rusia y en ese misma medida perderá la guerra Ucrania.
Ya hace varias semanas se empezaban a escuchar voces de algunos países que forman parte de la alianza atlántica sobre la necesidad de revisar las sanciones dictadas a Rusia pues sus efectos están poniendo en riesgo la estabilidad política de varias naciones.
El Presidente búlgaro Rumen Radev, fue el primero en alzar la voz en este sentido e hizo un llamado a restablecer las relaciones comerciales con el gobierno de Vladimir Putin. Nadie hizo caso a ese llamado y hoy, ante este escenario que ha generado gran conmoción y especulación en toda Europa, las imágenes de lo que sucede en la República Checa debe de llamar la atención.
Se trata de otra nación adherida a la OTAN en la que este pasado fin de semana se han dado enormes manifestaciones populares en las que las principales demandas sociales son la salida de la OTAN, adopción de un régimen de neutralidad y restablecimiento de las relaciones comerciales con Rusia.
Las ayudas militares a Ucrania y las sanciones a Rusia no serán suficientes para que Estados Unidos pueda ver el triunfo ucraniano en este conflicto. Las ayudas tendrán que generalizarse a todas las naciones empobrecidas de los Balcanes y del centro de Europa para no perder aliados en esta guerra.
Si la situación económica no cambia en pocas semanas el próximo invierno estaremos viendo la generalización de las protestas en todo Europa. A eso apuesta Rusia. A ganar la guerra fuera del territorio ucraniano en una especie de sitio energético que permita cambiar el concierto de dominación europeo. Rusia apuesta al frío.