En el Panteón Municipal de Morelia, donde descansan miles de personas de distintas generaciones, también se conserva una colección de ocho cuerpos momificados que, al no haber sido reclamados ni reconocidos por familiares, permanecen bajo resguardo en el museo del camposanto. Se trata de cinco mujeres, dos hombres y un bebé, cuyos restos forman parte de un espacio que combina la memoria funeraria con las particularidades históricas del propio recinto.
El pequeño museo permite observar los cuerpos a través de vitrinas de cristal distribuidas en dos niveles: al ingresar se encuentran cuatro de ellos y, después de subir unas escaleras, se pueden apreciar los otros cuatro. En este sentido, sus condiciones de conservación y las características físicas que mantienen han despertado la curiosidad de quienes visitan el lugar, toda vez que cada uno representa un caso de momificación natural ocurrido sin intervención deliberada.
Y es que el hallazgo se remonta a 2015, cuando trabajadores del panteón realizaban la exhumación de restos que permanecían en gavetas y descubrieron que ocho cuerpos se habían conservado de manera natural. De acuerdo con la información disponible sobre el descubrimiento, este proceso estuvo relacionado con condiciones ambientales, entre ellas la deshidratación y los cambios de temperatura, que favorecieron la preservación de los tejidos. Por ejemplo, una de las figuras es conocida como “La Quinceañera”, sobrenombre que recibe por la apariencia juvenil que conserva.
Si bien la explicación de su conservación responde a factores naturales, las momias también han quedado rodeadas de relatos que circulan entre visitantes y trabajadores del lugar. Una de las historias más conocidas señala que uno de los cuerpos suele producir crujidos, sonidos que algunas personas describen como si la figura se moviera.
Con respecto a este espacio, las ocho momias representan una particularidad dentro del patrimonio funerario del Panteón Municipal, pues permiten conocer un proceso de conservación poco habitual y acercarse a una parte de la historia del recinto. A final de cuentas, más allá de los relatos que han surgido alrededor de ellas, su presencia recuerda que los cementerios también resguardan testimonios materiales del pasado.