Rafael Rodríguez
Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha dedicada a visibilizar uno de los trastornos mentales más graves y extendidos en el mundo. La depresión afecta la calidad de vida, el desempeño laboral, las relaciones personales y la salud física, y sigue rodeada de estigmas que impiden la búsqueda oportuna de ayuda profesional.
A nivel global, la depresión se mantiene como una de las principales causas de discapacidad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 280 millones de personas viven con este trastorno, lo que representa alrededor del 5 por ciento de la población adulta. Su impacto no solo es sanitario, también genera pérdidas económicas y sociales significativas en todos los países.
En México, el panorama resulta preocupante y mostró un deterioro tras la pandemia de COVID-19. Datos oficiales indican que 3.6 millones de personas adultas padecen depresión actualmente, con un porcentaje de casos severos que requieren atención especializada. Además, millones de mexicanas y mexicanos han experimentado al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía señalan que la depresión afecta con mayor frecuencia a las mujeres, aunque los hombres enfrentan mayores riesgos de desenlaces graves cuando no reciben atención. La depresión se ubicó entre las principales causas de atención en los servicios públicos de salud mental, solo por debajo de los trastornos de ansiedad.
Los grupos más afectados en el país incluyen a personas jóvenes de entre 20 y 29 años, así como a adultos de 30 a 49 años, sin dejar de lado a la población mayor de 60 años. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición reportó una alta prevalencia de síntomas depresivos, especialmente en comunidades rurales y en adultos mayores, donde el acceso a servicios resulta más limitado.
La pandemia intensificó estos problemas. Diversos estudios mostraron un incremento significativo de síntomas depresivos en comparación con años previos, mientras que solo una minoría de quienes los padecen recibe tratamiento psicológico o farmacológico. Esta brecha expuso deficiencias estructurales en la atención a la salud mental.
En el Estado de México, la situación refleja una carga aún mayor. La entidad encabeza los registros nacionales de intentos de suicidio, un fenómeno estrechamente vinculado con la depresión no tratada. El aumento de estos casos evidenció la presión que ejercen factores como la densidad poblacional, el estrés urbano y la desigualdad social.
En este Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el mensaje central es claro: la depresión es tratable y la atención temprana salva vidas. Autoridades sanitarias y organismos internacionales reiteran la necesidad de fortalecer los servicios de salud mental y, sobre todo, de romper el estigma. Buscar ayuda no representa debilidad, sino un acto de responsabilidad y valentía.