La extorsión ya no siempre comienza con una llamada al azar. Ahora los delincuentes buscan primero generar un vínculo con la posible víctima, obtener información sobre su familia y después utilizar esos datos para construir una amenaza creíble.
Una de las modalidades que recientemente identificó la Secretaría de Seguridad Pública consiste en dejar teléfonos celulares en distintos puntos de Morelia para que alguien los encuentre. El aparato funciona como un gancho: después de recogerlo, la persona recibe una llamada de quien asegura ser el propietario y le ofrece dinero a cambio de devolverlo.
El verdadero objetivo estaría en el encuentro. Según la alerta de la dependencia, el supuesto dueño podría intentar obtener información de quien encontró el teléfono y de sus familiares. Con esos datos, los delincuentes tendrían la posibilidad de contactar posteriormente a la familia y hacerle creer que la persona que recogió el aparato está secuestrada.
No necesitan tener a nadie retenido. La presión ocurre por teléfono y se sostiene con amenazas, información personal y la urgencia de entregar dinero. Es el mismo principio del secuestro virtual, pero con una diferencia: antes de realizar la llamada extorsiva, los delincuentes buscan tener información real que les permita hacer más convincente el engaño.
Las formas de cobrar también se han diversificado. El vicefiscal Israel Vega señaló que la Fiscalía ha identificado exigencias de dinero en efectivo, transferencias bancarias, depósitos en tiendas de conveniencia y pagos mediante criptomonedas. Es decir, los extorsionadores no dependen de un solo mecanismo para recibir el dinero.
Otra de las variantes detectadas ocurre a través de internet. Los delincuentes pueden acercarse a menores mediante videojuegos, utilizar información publicada en redes sociales para conocer la dinámica de una familia o recurrir a herramientas de inteligencia artificial para imitar voces y fabricar imágenes que aparenten un secuestro.
La dimensión del problema también alcanza a otros esquemas de cobro. Vega señaló que la Fiscalía ha identificado al menos a 30 personas de origen extranjero relacionadas con distintas actividades ilícitas, entre ellas el denominado “gota a gota”, que opera mediante aplicaciones de préstamos rápidos y posteriormente utiliza mecanismos de presión para cobrar.
Por eso, el riesgo no necesariamente está en recibir una llamada desconocida. También puede comenzar con algo aparentemente inofensivo: un teléfono encontrado en la calle, una conversación en internet o un dato compartido en redes sociales. La recomendación de las autoridades es evitar proporcionar información personal a desconocidos y, si se encuentra un dispositivo, entregarlo a la autoridad correspondiente en lugar de acudir a una cita con quien diga ser su propietario.