En el marco del Día Mundial del Refugiado, el municipio de Jesús María reafirmó su compromiso con la inclusión y la esperanza, al realizar un emotivo concierto en el Palacio de Gobierno en solidaridad con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
La presentación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Infantil de Jesús María y el Ballet Folclórico Municipal, quienes ofrecieron un espectáculo lleno de sensibilidad, cultura y humanidad, conmoviendo al público presente y recordando el poder del arte como vehículo de integración y paz.
Durante su intervención, el presidente municipal César Medina destacó que Jesús María es, desde hace años, tierra de acogida para personas refugiadas, gracias al convenio de colaboración vigente con ACNUR desde hace cuatro años, a través del cual se ha brindado atención y acompañamiento a 30 menores provenientes de Venezuela, El Salvador, Siria, Afganistán y Honduras.
“No solo abrimos espacios culturales, sino que abrimos el corazón para ofrecerles un verdadero hogar. Estamos comprometidos con ser un lugar de acogida digno para quienes buscan un nuevo comienzo”, expresó el alcalde.
Uno de los aspectos más significativos de este esfuerzo ha sido la integración de varios menores refugiados a la Orquesta Sinfónica Infantil, lo que representa un paso concreto hacia una inclusión real, basada en el reconocimiento del talento, la empatía y el respeto por la diversidad cultural.

Por su parte, Antonio Amaral, titular de la Instancia de Cultura del Municipio, resaltó que la cultura tiene la capacidad de transformar vidas, especialmente en procesos de adaptación complejos como los que viven las personas refugiadas al llegar a un nuevo país.
Finalmente, Paola Monroy, representante de ACNUR en México, agradeció la apertura y la solidaridad mostrada por el municipio y su comunidad. Subrayó que acciones como esta no solo reflejan el espíritu de generosidad de los aguascalentenses, sino que envían un poderoso mensaje: México también puede ser un lugar de esperanza para quienes lo han perdido todo.
Este evento no solo celebra la música y la danza, sino que reafirma el valor de la solidaridad como eje transformador de sociedades más humanas, justas e incluyentes.