Ubicado a un lado de la pila de agua del Acueducto de la capital michoacana y enfrente de la Fuente de Las Tarascas, ésta plaza tiene un nombre cuyo origen es una prueba de amor.
Uno de los escenarios favoritos para los morelianos y sus visitantes es la “Plaza Villalongín”, cuya fuente al centro y bellas jardineras a su alrededor, permite ser el fondo para fotografiar a las quinceañeras, parejas recién casadas o simplemente descansar, teniendo un bello significado su nombre actual.
La Plaza Villalongín, ubicada sobre la Avenida Madero del lado oriente del Centro Histórico de la capital michoacana, no siempre tuvo el diseño y nombre que hoy tiene, ya que en la época colonial era llamada como “Plaza de Las Ánimas”, y en lugar de fuente y jardineras, tenía una capilla, misma que fue derrumbada.
Posterior, en honor del insurgente “Don Manuel Villalongín”, se nombró la Plaza como el general que llegó a ser invitado en las primeras juntas se realizaban en Valladolid en 1809 para crear un gobierno independiente de España, e incluso en 1810, recibe la invitación del para ser parte del movimiento insurgente, volviéndose un militar y un líder nato.
Sin embargo, no fue la carrera militar de Villalongín, el motivo para nombrar dicha plaza con su apellido. Fue su muestra de amor hacia su esposa, que, al ser secuestrada por Torcuato Trujillo, que decide rescatarla y logra ponerla a salvo en el año 1811, misma época que era utilizado el espacio donde se encuentra la plaza como una cárcel de mujeres.
En 1858, es destruida la cárcel y permanece vacío el espacio, hasta que el gobernador Mariano Jiménez, que en 1889, lleva a cargo las obras de embellecimiento en la capital michoacana y permanece como es conocida en la actualidad, con ligaras modificaciones.
Fuente: michoacanhistorico y cultura.gob