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#Municipios | Comienza la temporada de peregrinaciones: La fe del norte mexiquense camina rumbo al Tepeyac

Desde municipios como Atlacomulco, Jilotepec, Acambay, Temascalcingo e Ixtlahuaca, grupos de fieles emprenden el camino hacia la Basílica de Guadalupe

Berenice León

Con el inicio de octubre comenzó oficialmente la temporada de peregrinaciones hacia la Basílica de Guadalupe, y con ello, los caminos del norte del Estado de México vuelven a llenarse de fe, promesas y movimiento. Esta lunes salió el primer contingente del año, conformado por más de 30 mil fieles mexiquenses, quienes iniciaron su recorrido rumbo al Tepeyac desde distintos puntos de la región.

Cada año, comunidades de Atlacomulco, Jilotepec, Acambay, Temascalcingo e Ixtlahuaca organizan recorridos que los llevarán, a pie o en bicicleta, hasta el cerro del Tepeyac, en la Ciudad de México.

Aunque la festividad guadalupana culmina el 12 de diciembre, los preparativos inician semanas antes. En los pueblos, los comités parroquiales afinan detalles logísticos: alimentos, transporte de apoyo, primeros auxilios y hospedaje temporal. Mientras tanto, los peregrinos entrenan caminatas largas, revisan bicicletas y coordinan con autoridades municipales los permisos y acompañamientos de seguridad.

De acuerdo con reportes de Protección Civil de Atlacomulco ,en esta región transitan anualmente miles de peregrinos por carreteras como la Toluca -Atlacomulco, Arco Norte,y la Atlacomulco – México Norte, donde se establecen puntos de descanso y asistencia médica.

En Atlacomulco, Timilpan, Morelos, y Jilotepec, autoridades locales ya han comenzado operativos de vigilancia y auxilio vial para evitar accidentes, especialmente durante las noches y fines de semana.

Más allá del esfuerzo físico, el peregrinar conserva un profundo significado espiritual.

“Es una promesa que uno hace con fe, por la salud de la familia o por agradecimiento. No importa el cansancio, lo que importa es llegar”, comenta María del Carmen, vecina de San Bartolo que lleva ocho años caminando hacia la Basílica junto a su grupo parroquial.

Para muchos habitantes del norte mexiquense, la peregrinación también es una forma de mantener vivas las tradiciones y fortalecer el sentido de comunidad.

Jóvenes y adultos, campesinos y obreros, se organizan por barrios y familias, portando estandartes de la Virgen y antorchas encendidas que simbolizan el paso de la fe de generación en generación.

En los últimos años, esta manifestación religiosa ha incorporado nuevas dinámicas: grupos ciclistas que pedalean hasta el Tepeyac, transmisiones en redes sociales que documentan el trayecto y colectas digitales para cubrir gastos de alimentación y transporte. Sin embargo, el propósito sigue siendo el mismo: agradecer, cumplir una promesa o pedir un favor.

Entre rezos, cantos y antorchas encendidas, los peregrinos emprenden una vez más la marcha hacia la casa de la Virgen Morena, reafirmando una tradición que cada año los une por la fe.

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