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#Opinión | ¡Cuidado con la desinformación en temas de salud!

por Shaira Mulia

Opinión y Análisis por Ginarly Valencia

La velocidad a la que circula la información dificulta detectar las llamadas fake news y el problema se acentúa cuando se trata de temas relacionados con la salud porque lo que se diga en los medios de comunicación y las redes sociales repercute directamente en el bienestar físico y mental de la población. 

Ante este panorama resulta imprescindible que los temas de salud se coloquen en la agenda pública a través de los medios de comunicación para informar y concientizar a la población sobre el autocuidado, la prevención y la mejor toma de decisiones. 

El ejemplo más reciente: la pandemia de COVID-19. Ante el panorama de incertidumbre, había una apremiante necesidad de contar con información fidedigna para entender el problema y adoptar acciones preventivas. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nombró a este fenómeno como infodemia y advirtió que sería más peligrosa que el propio virus. 

Justo hablando de ese tema y a propósito del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, debemos evidenciar cómo la emergencia sanitaria repercutió, de manera negativa, en la salud mental de la población. De acuerdo con la OMS, durante el primer año de la pandemia, la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión aumentó un 25 por ciento. 

Estos padecimientos se registraron en mayor medida en mujeres que en hombres. Y se acentuó más en las personas jóvenes, especialmente entre 20 y 24 años, más que en las personas adultas mayores.

Fue la suma de diferentes factores: el confinamiento, el aislamiento social, el duelo por la pérdida de seres queridos, la interrupción de actividades cotidianas, la incertidumbre, el miedo, etcétera. Pero también estas enfermedades mentales se presentaron por cambios fisiológicos que generó el propio coronavirus en las funciones cerebrales y en la producción de serotonina y dopamina, dos neurotransmisores clave que regulan el estado de ánimo. 

La pandemia de COVID-19 solo aceleró un problema que ya avanzaba de manera silenciosa, ya que de acuerdo a estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, cerca del 10 por ciento de la población presentará al menos un episodio de depresión a lo largo de su vida.

No obstante, la gravedad del problema reside en la baja tasa de atención médica, la cual se estima inferior al 30 por ciento, muchas veces debido a que ni siquiera cuentan con un diagnóstico. 

El hecho de tener prejuicios sobre los padecimientos mentales impide que las personas identifiquen y reconozcan sus síntomas, y peor aún que reciban un tratamiento oportuno. 

Por ello, es tan importante hablar del tema. Desmitificar que la depresión es un asunto de debilidad, que se cura “echándole ganas” y pensando en positivo. La salud mental es una responsabilidad colectiva, que exige estrategias integrales y políticas públicas efectivas en beneficio de la sociedad. Las cifras que conocemos sobre la depresión solo son la punta del iceberg de un problema de salud pública que se debe atender, antes de que deje a más personas con secuelas y cobre más vidas. 

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