#OpiniónYAnálisis por #MarthaNava
Martha Nava
A un año y medio de haber asumido la conducción del país, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta, tal vez, su momento más crítico, y esto se refleja en un descenso de siete puntos en su nivel de aprobación según los datos recientes de una encuesta realizada por Enkoll para EL PAÍS y W Radio. Aunque la realidad es que aún tiene un 68% de aceptación y esta sigue siendo una cifra envidiable para cualquier mandatario, el verdadero peligro reside en la tendencia y en los motivos de esta baja. Porque lo que estamos presenciando no es una simple fluctuación estadística; es consecuencia del contexto, claro, pero también de un desgaste profundo en el control de la narrativa y la agenda pública.
El mal manejo de las crisis de Sinaloa y Chihuahua deja al descubierto una preocupante falta de optimización en el control de daños. La imputación por parte de la justicia de Estados Unidos contra el gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y parte de su equipo, coloca la imagen de Sheinbaum —y por ende la de México— en jaque. Y es que, este también es un tema de percepción, porque defender a un mandatario cuyos vínculos con el crimen organizado son considerados creíbles por el 62% de la población —según la misma encuesta—, asocia directamente a la administración actual con temas de corrupción; aunque, sí se van por el otro camino y “entregan” a Estados Unidos al gobernador, irían en contra del discurso oficial de soberanía. Tema que ha estado más vivo que nunca en la agenda derivado de la situación con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, quien supuestamente no contaba con la autorización correspondiente para permitir la operación de la CIA en territorio mexicano; lo cual por una parte es aplaudido porque se desmanteló un narcolaboratorio, pero por otra se permite la intervención de EE. UU. en nuestro país. Ahora, no podemos dejar pasar que esta disyuntiva le está dando tantos reflectores a la gobernadora como se le dieron, en su momento con AMLO, a Xóchitl Gálvez.
La acumulación de crisis le está pasando factura a la Doctora, y eso se nota en su discurso, como quedó de manifiesto con la desafortunada declaración presidencial de “No vean TV Azteca”, emitida como respuesta a las campañas de lonas desplegadas por colectivos presuntamente vinculados a Ricardo Salinas Pliego. La realidad es que un mandatario, no importa su ideología, nunca debe emitir juicios que puedan ser interpretados, con justa razón, como un intento de censura desde el aparato del Estado. A pesar de que quiso hacer control de crisis en la mañanera del día siguiente, al calificar dicho llamado como una simple “opinión”, parece que se le olvida que su “opinión”, en teoría, es la de millones de mexicanos, lo que no hace más que profundizar el agravio, y ciertamente, alimenta la narrativa de un régimen intolerante a la crítica y, a su vez, debilita la calidad democrática que se pretende proyectar.
Al final, Sheinbaum debería trabajar en una nueva estrategia de control de crisis, porque continuar apostando por el escudo de “soberanía” ha dejado de ser una opción, y para muestra basta la reacción de los chihuahuenses frente a la marcha de Morena en contra de las acciones de Campos. Y aunque es de reconocer que la presidenta ha estado atendiendo problemáticas, propias y heredadas de la administración anterior, desde el día uno de su administración, esto le ha representado una caída total de 13 puntos de aprobación en lo que va del periodo presidencial, una alerta inequívoca de que la fórmula discursiva heredada necesita una reingeniería urgente adaptada a los tiempos actuales.
Doctoranda en Imagen Pública
Directora π en SCIO Group
Ex godín Gubernamental
Fisgona por naturaleza y delirante por la imagen
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