#OpiniónYAnálisis por #JavierMartínez
Javier Martínez
El segundo informe de Claudia Sheinbaum llega en el peor momento político para Morena, cuando las fracturas internas son demasiado evidentes para seguir escondiéndose debajo de la alfombra y cuando los escándalos que involucran a figuras del movimiento comienzan a pesar más que cualquier eslogan de transformación. El momento político que enfrenta la presidenta no es cosa menor, las acusaciones por corrupción contra miembros distinguidos de su partido, gobernantes, escándalos, vida de lujo, corrupción e ineficiencia de los pocos gobernantes que no están metidos en problemas y no ayudan en nada a mejorar la percepción del gobierno.
El segundo informe pasa a segundo término, a pocos les interesa un discurso maquillado de cifras en el cual se enaltece la entrega de programas sociales, se presumen la disminución de homicidios dolosos, un sistema de salud de excelencia; pero todo se verá opacado por los problemas, las sospechas y el temor de que salgan a la luz pruebas, irrefutables de corrupción.
Sheinbaum lleva dos años en el poder y no ha entendido que el poder se ejerce y mientras no se corte el cordón umbilical, los problemas del anterior gobierno le impedirán realizar su proyecto de nación, hoy en día está más preocupada por salvar a quienes tiene problemas y manchan la imagen de Morena que en resolver los problemas de La Mayoría Silenciosa.
Todos saben que es la presidenta, pero también tienen claro que López Obrador sigue operando desde las sombras, tiene el control del partido y mueve piezas claves dentro de la política, la administración y las futuras candidaturas. Es bueno que desmienta las versiones, pero mejor sería que lo demostrara en los hechos. La sucesión presidencial terminó, pero la disputa por el control del movimiento apenas comienza. Y mientras los grupos se acomodan, se desacomodan, negocian posiciones y miran hacia las próximas candidaturas, La Mayoría Silenciosa observa.
Su informe pasó sin pena ni gloria porque chocó con la realidad, su discurso refleja las preocupaciones, dice que no hay división, no hay privilegios en los políticos como antes, mentiras que la población ya no cree, porque los escándalos superan con creces las palabras de austeridad. No hay que ser experto en administración pública, los ciudadanos comunes van a recibir atención médica y saben que no hay medicamentos, millones de ciudadanos padecen la inseguridad, otros tienen empleo, pero en la informalidad sin acceso a beneficios de salud. En el sur, los apagones son constantes y la lista puede seguir de manera interminable.
La presunción de avance es una falacia, todos saben que está desperdiciando miles de millones de pesos en obras faraónicas, como el Tren Maya, Mexicana de Aviación, Dos Bocas, el Tren Interoceánico, el aeropuerto alterno Felipe Ángeles, mantener ese barril sin fondo solo demuestra el fracaso de Morena al frente del país.
Mientras en lo político los escándalos son el pan de cada día. No hay gobernador, secretario, diputado, presidente municipal o senador que salga exhibido en las noticias un día sí y otro también. El cisma político y los señalamientos de narco partido están acabando con la poca credibilidad de la presidenta.
Los cuestionamientos y críticas que vive Morena y sus gobiernos los quieren tapar, pero la percepción ciudadana no se construye con mentiras y estadísticas manipuladas. Y lo que está viendo La Mayoría Silenciosa no necesariamente coincide con el país que describe el gobierno. La política tiene una regla elemental, cuando el discurso y la realidad se contradicen, la gente termina creyéndole a la realidad.
El problema para Claudia Sheinbaum es que ya no basta con administrar la herencia de López Obrador, tiene que demostrar que puede gobernar con su propio sello, tiene que demostrar que Morena no está por encima de la Presidencia. Y, sobre todo, tiene que demostrar que el proyecto de nación está por encima de los intereses de los grupos que hoy se disputan el control político del movimiento.
Ricardo Moreno manda a su gente a pedir reelección, La Mayoría Silenciosa le dice no
Es la segunda vez que Ricardo Moreno manda a sus empleados a pedir continuidad para su proyecto en Toluca. Es decir, la primera no funcionó, algunos de los que se han presentado son sus empleados y otros más, me dice una fuente, cobran con sobres en el ayuntamiento de Toluca a cambio de promover su continuidad. Mientras La Mayoría Silenciosa le dice que no a la reelección en la capital mexiquense.
Una encuesta en manos de La Mayoría Silenciosa, señala que el 73 por ciento no quiere la reelección en Toluca, el 52 por ciento tiene una opinión negativa de su gobierno, el 40 por ciento dice que es razonable y solo el 4 por ciento que es bueno. El 56% de la gente opina que sus colonias siguen igual con Ricardo Moreno, el 16 por ciento mejor y el 27 por ciento peor. La ciudadanía, tiene como principal preocupación los baches, seguida de seguridad y agua.
Sus medidas para buscar la candidatura por Morena se ven desesperadas, la repavimentación de calles no ha sido planificada, ha causado molestias en La Mayoría Silenciosa a pesar de ser necesaria, su faramalla de cerrar calles para tapar unos cuantos baches es notoria. Fuentes cercanas al gobierno del Estado de México afirman que la gobernadora, Delfina Gómez le dio una grosera cantidad de asfalto para solucionar el problema de las calles, pero la administración de Ricardo Moreno solo ha podido usar el 25 por ciento de las toneladas que le dieron. El último corte de agua se lo achacó a la Comisión de Agua del Estado de México (CAEM), los reportes internos dicen que la falla es del ayuntamiento. De la inseguridad, el lector sabe más porque lo vive a diario. Así que Morena tiene una decisión que tomar con respecto a la capital mexiquense. Veremos qué hacen.