A causado gran conmoción en la sociedad mexiquense y de manera particular en quienes formamos parte de la comunidad universitaria, al enterarnos del episodio de dolor y tristeza que embarga a los familiares y amigos del joven Josué Carlos González, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMEX, ya que este fin semana se hizo público que en días pasados lamentablemente fue encontrado sin vida, después de haber sido secuestrado y de haber pagado un rescate para que no fuese lastimado.
Indignación, agravio, ofensa, podredumbre, mezquindad o atrocidad. Qué término o acotación podríamos usar para describir en una palabra lo acontecido. Y uno dilucida al respecto: hasta qué punto nuestra capacidad de asombro ha sido ya rebasada; ya hemos adoptado a la descomposición social como parte de nuestra cotidianidad; ya nos hemos acostumbrado a vivir y a salir a la calle con temor. O que sigue, que nos falta experimentar.
Hoy leemos declaraciones sobre el apoyo institucional del Rector para sus familiares; que se reforzará la vigilancia en ciudad universitaria; leemos y escuchamos reclamos de propios y extraños que con gran indignidad manifiestan un ¡¡¡ya basta!!!.
Es lamentable este tipo de situaciones, el de la voz se une a los reclamos ciudadanos y familiares porque a la brevedad se esclarezcan los hechos y se castigue a los culpables; me sumo a la exigencia de no más impunidad y una justicia verdadera; me sumo a la exigencia de no más inmovilidad de las autoridades; pero también considero pertinente el poder reflexionar sobre qué hemos dejado de hacer en lo individual y en lo colectivo, reflexionar sobre que nos ha contagiado al grado de necrosar el tejido social, en la sana idea repensar en qué o cómo aportar para su recomposición, pues al final del día todos somos co-responsables.
Comentó para ustedes Jorge Carrión.