Esa incómoda visita
Una imagen dice más que mil palabras y un claro ejemplo es la fotografía que se ha vuelto viral en redes sociales donde aparece el presidente Donald Trump junto al Papá Francisco.
Si bien el Papa se ha distinguido por conducirse en un discurso de paz e inclusión -no olvidemos el mensaje que emitió en sus redes sociales con motivo del Súper Bowl-; el mandatario estadounidense se ha encargado de pronunciar mensajes contrarios a éste -racismo, misoginia, desinterés ambiental, entre otros-.
Sin embargo este mismo carácter de neutralidad y conciliación obligan -en cierta medida- al pontífice a recibir en su casa a tan polémico personaje. Recordemos que la figura del Papá constituye una imagen no sólo de integridad sino que se erige como un identificador social de una gran audiencia, es una imagen clave que se asocia con valores.
Esto no significa que el representante de la Iglesia católica debe de recibir a nadie con una sonrisa y de brazos abiertos, y en efecto la foto con el Presidente Trump demuestra que no sintió necesidad alguna de ocultar su incomodidad ante dicha visita. Sonrío y fue amable con la primera dama Melania Trump mas cuando fue el momento de la fotografía oficial toda su comunicación no verbal fluyó, y quedó enmarcada en un visual para el provecho de la red digital que produjo memes, comparativos y comentarios sarcásticos.
Los que más salen a relucir son aquellos en los que comparan la reacción del Pontífice frente a otros mandatarios -como Angela Merkel de Alemania, Barak Obama ex presidente de Estaros Unidos, el mismo presidente Enrique Peña- en dónde se le ve sonriente y relajado.
En cuanto a los específicos de la comunicación no verbal es evidente, empezando por el Papa al que se le nota la mirada seria y enfocada, los labios en hilo demostrando tensión y la distancia que puso entre él y Trump denotan no sólo que no está a gusto sino que hasta desea retírese del lugar, evidencia su desagrado por el personaje junto a él y que definitivamente lo hace por obligación; mas sabe que éste encuentro diplomático le resulta crucial aunque no sea agradable.
Por su parte Trump se encuentra extasiado, su sonrisa delata casi a un niño que conoce a un personaje famoso ya que es genuina -las comisuras de los ojos se marcan, se elevan las mejillas y se muestran los dientes; pocas veces se le ve sonreír así-. Su postura es mucho más relajada, se muestra más como si estuviera de viaje de turista y no en una visita oficial, casi como si no supiera que hacer.
En esta visita del Presidente Trump a la Santa sede, el Papa aprovechó para obsequiarle -como parte del protocolario intercambio de regalos en un encuentro de esta magnitud- una copia de dos textos que él escribió sobre el cambio climático y otra sobre la paz, un acierto que suma a la imagen propositiva del pontífice y que de paso le da una cachetada con guante blanco al discurso mandatario.
No olvidemos que no hay imagen buena o mala, la imagen es por esencia misma y se sustenta en el discurso y su relación con las acciones. En esta foto vemos al yin y yang de la imagen, un claro ejemplo de quién emplea un discurso reaccionario y violento -imagen estratégica en negativo- a lado de quien usa un discurso neutral, de paz y cambio -imagen estratégica en positivo-.
Martha Nava Argüelles
@Mar_Naa