Esas luchas se traducen en avances concretos que marcan un antes y un después en la vida de miles de mexiquenses.
Ian Arriaga
El mes del orgullo LGBTIQ+ ha llegado, y en el Estado de México la comunidad celebra con firmeza y dignidad la libertad de ser quienes son. A pesar del entorno adverso marcado por la violencia y la discriminación, la resistencia LGBT+ en la entidad continúa logrando conquistas históricas en materia de derechos humanos, igualdad y reconocimiento legal.
Durante años, activistas, colectivos y personas de la diversidad sexual han exigido no privilegios, sino un trato igualitario ante la ley y en la sociedad. Hoy, esas luchas se traducen en avances concretos que marcan un antes y un después en la vida de miles de mexiquenses.
Uno de los logros más significativos es la aprobación del matrimonio igualitario en el Estado de México. En septiembre de 2022, el Congreso local avaló la iniciativa con 50 votos a favor, convirtiéndose en la entidad número 29 del país en garantizar este derecho. La reforma también reconoce el concubinato igualitario, estableciendo así que el matrimonio es una unión libre entre dos personas, sin importar su sexo o identidad de género.
Otro paso fundamental fue la prohibición de las mal llamadas “terapias de conversión”. Desde marzo de 2021, en el Estado de México se sanciona penalmente a quienes impartan o promuevan prácticas que pretendan modificar la orientación sexual o identidad de género de una persona. Esta medida, alineada con la legislación federal, protege la dignidad y la integridad de la población LGBT+.
En el ámbito laboral, la inclusión también avanza. El grupo Pride Connection ha logrado que al menos 23 empresas —entre ellas PepsiCo, Cinépolis, Mastercard, Microsoft y American Express— adopten políticas incluyentes. Estas compañías no solo abren espacios de trabajo libres de discriminación, sino que además han lanzado campañas que visibilizan con orgullo la diversidad sexual, como la recordada “Doritos Rainbow”.
El sector educativo también ha comenzado a responder a las necesidades de las personas trans. En 2016, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) realizó el primer cambio de identidad de género en documentos oficiales e historial académico. Desde entonces, más de 15 estudiantes —de bachillerato, licenciatura y doctorado— han seguido el mismo camino, marcando un precedente para otras instituciones.
En cuanto al acceso a la salud, el IMSS y el ISSSTE han permitido desde 2014 el registro de parejas del mismo sexo como beneficiarios. Esta política garantiza el acceso igualitario a servicios médicos, pensiones y prestaciones laborales. A la fecha, el ISSSTE ha registrado al menos 400 parejas homoparentales en todo el país, reconociéndolas con los mismos derechos que a cualquier otra familia.
La digitalización también ha abierto un espacio para la visibilidad. El portal oficial del Gobierno del Estado de México ahora cuenta con una sección dedicada a la comunidad LGBT+, promoviendo información confiable, sensibilización y acciones contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género.
En el ámbito legal y familiar, el Estado de México celebró en 2023 su primera adopción homoparental. Synthia y Fanny se convirtieron en la primera pareja del mismo sexo en adoptar legalmente tras una audiencia ante el Juzgado Especializado del Poder Judicial mexiquense. Este hecho marca un precedente en la defensa de los derechos de las familias diversas.
Para 2025, el Edomex ha destinado por primera vez una partida presupuestal específica de 36 millones de pesos para la comunidad LGBT+, a través del proyecto “Cultura de igualdad entre la mujer y el hombre, y la población LGBTTTIQ+ para la prevención de la violencia de género”. Este recurso busca fomentar la inclusión, el respeto y la protección de derechos, en un contexto donde aún persisten altos niveles de violencia y crímenes de odio.
Pese a los avances, el Estado de México sigue siendo una de las entidades con mayor número de ataques contra personas LGBT+. Por ello, cada paso dado debe acompañarse de políticas públicas efectivas, justicia y espacios seguros. El orgullo no es solo una celebración: es también un acto de resistencia frente a la exclusión y una exigencia constante de igualdad.