Los sismos de 1985 marcaron un antes y un después en la vida de Gilberto Guillermo Tovar Delgado. La tragedia despertó su interés por la atención de emergencias y lo llevó a convertirse en paramédico, una profesión a la que ha dedicado 26 años de servicio en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).
Originario de Toluca, Gilberto comenzó su formación en atención prehospitalaria en la Cruz Roja, en una época en la que todavía no existían las licenciaturas especializadas que actualmente preparan a los paramédicos.
Su incorporación a la UAEMéx ocurrió a través de la Dirección de Seguridad y Protección Universitaria, donde participó en los primeros esfuerzos para fortalecer el Programa de Protección Civil Universitario.
Con el tiempo, también formó parte del desarrollo de la Unidad de Ambulancias Universitarias, creada para brindar atención médica de emergencia dentro de los espacios de la institución y reducir los tiempos de respuesta ante accidentes o situaciones que pusieran en riesgo la vida de estudiantes, docentes y trabajadores.
“Las unidades del estado tardaban mucho en llegar porque atendían a una población muy grande. Nosotros vimos la posibilidad de contar con nuestras propias ambulancias, capacitarnos y brindar un servicio más oportuno”, explicó.
Para mantenerse actualizado, Tovar Delgado ha continuado con su preparación mediante cursos y certificaciones que debe renovar periódicamente, de acuerdo con las normas aplicables a la atención prehospitalaria.
Durante sus 26 años de servicio ha atendido distintos tipos de emergencias. Una de las experiencias que más recuerda ocurrió cuando una estudiante quedó atrapada debajo de un vehículo tras ser atropellada.
El paramédico permaneció junto a ella durante las labores de rescate y la acompañó hasta el hospital.
“Me tomó de la mano y me pidió que no la soltara. Me convertí en su línea de vida y no la solté hasta llegar al hospital”, recordó.
Para Tovar Delgado, la atención de emergencias exige preparación constante, capacidad para actuar bajo presión y sensibilidad ante las personas que atraviesan situaciones críticas.
Fuera de su trabajo, dedica tiempo a actividades como el dibujo, la pintura, el tallado en madera y el senderismo. También comparte su vida con su esposa y sus tres hijos.
Después de más de dos décadas de servicio, considera que la principal satisfacción de su profesión está en ayudar a que una persona sobreviva a una emergencia, recupere su salud o pueda volver con su familia.
“Si logramos aliviar el sufrimiento, disminuir el dolor o contribuir a que una persona recupere su salud, nuestro trabajo está hecho”, afirmó.