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Un legado ancestral vivo: el nacimiento de los tianguis en México

por Redacción Ultra Morelia

Del trueque ancestral al comercio moderno: los tianguis como herencia viva de México

Desde tiempos prehispánicos, el intercambio ha sido una pieza clave para la supervivencia humana. En Mesoamérica, el trueque era la forma más extendida de comercio y se realizaba en espacios comunitarios especializados: los tianguis. Este término proviene del náhuatl tianquiz(tli), que significa “mercado”.

En el corazón del antiguo México, los tianguis no solo eran centros de compra y venta, sino también lugares donde las personas se reunían para socializar y mantenerse informadas. En estas plazas se gestionaban intercambios cotidianos de productos esenciales, desde alimentos hasta herramientas, y se utilizaban tanto el trueque como objetos aceptados como moneda, como semillas de cacao, mantas e incluso hachas de cobre.

El mercado de Tlatelolco, en específico, destacó por su magnitud y sofisticación. Considerado el mercado más grande y avanzado del mundo mesoamericano, era el escenario de una actividad comercial y cultural sobresaliente. Documentos de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo describen una plaza tan grande que superaba en tamaño a la ciudad española de Salamanca y repleta de una multitud imposible de abarcar de un solo vistazo.

Además, estos espacios no carecían de orden: contaban con reglamentos, vigilantes y tribunales propios. Aquellos que cometían faltas como engañar o robar, recibían castigos inmediatos, incluso mortales. Se trataba de un comercio altamente organizado y normado.

Con la llegada de los españoles, estos mercados fueron reconocidos por su eficacia. Las nuevas autoridades coloniales se asentaron cerca de ellos para aprovechar su dinamismo comercial e integraron elementos del comercio europeo, como el uso de monedas y regulaciones formales, fusionándose con las tradiciones locales.

Hoy en día, los tianguis son parte viva del paisaje mexicano. Siguen siendo mercados semifijos, generalmente instalados en calles o plazas en días determinados, en donde se puede encontrar desde productos agrícolas y de comida hasta ropa, artesanías y utensilios múltiples. Algunos tienen raíces milenarias; por ejemplo, el tianguis de Chilapa, en Guerrero, se considera el más antiguo del país, con alrededor de 600 años de existencia, y se instala cada domingo en un área considerable.

Otros tianguis prehispánicos que permanecen vigentes incluyen los de Cuetzalan (Puebla), Ixmiquilpan (Hidalgo), Tlacolula (Oaxaca), Tenejapa o San Juan Chamula (Chiapas), entre otros. En ellos, no solo convergen productos e intercambios económicos, sino también tradiciones culturales y lenguas originarias como el náhuatl y totonaco.

En el presente, algunos tianguis han crecido hasta convertirse en fenómenos urbanos de gran escala. Ejemplos emblemáticos son el tianguis dominical en la Colonia San Felipe de Jesús en la CDMX, que se extiende por casi siete kilómetros y reúne a medio millón de personas cada domingo; o el mercado de San Martín Texmelucan, considerado uno de los más grandes de América Latina, con ventas que incluyen desde textiles hasta automóviles en una extensión de más de 35 hectáreas.

En resumen, los tianguis mexicanos son un puente entre pasado y presente, una tradición que emerge del mundo prehispánico y que se ha adaptado para continuar siendo el primer espacio de intercambio económico y social en muchas comunidades del país.

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