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“¡Dios mío, sí son ellos!”, gritaban los padres; sin respeto, la Fiscalía abandonó los cuerpos

por Manuel Appendini

Xalapa, Veracruz, 9 de octubre (SinEmbargo/BlogExpediente).– Ningún respeto mostró la Fiscalía General del Estado de Veracruz por la memoria de Génesis Urrutia Ramírez y sus dos amigos asesinados. Apenas los padres se marcharon de los Servicios Periciales y el personal abandonó las puertas y estas se abrieron de par en par y se liberó la pestilencia a formol y sangre. La muerte.

Los cadáveres de Génesis Urrutia, Leobardo Arroyo y Octavio García fueron abandonados en medio de la oscuridad de una recámara refrigerada. La sangre de todos escurría de la plancha, sus ropas arrinconadas sobre escritorios; maltratadas por el ácido sulfúrico que se derramó sobre ellos. También había arena de mar embarrada en los zapatos.

“¡No, no puede ser, sí son ellos! ¿Por qué Dios mío?” gritaban los padres al borde del vómito, del desmayo. Veinte horas sometidos a terapias psicológicas sirvieron de nada. Lamentos que confirmaron ser tres de los cuatro estudiantes desaparecidos desde el 29 de septiembre de 2016. Diez días duró el nuevo capítulo del libro sexenal de Javier Duarte de Ochoa. El reloj marcaba las veinte horas con cero minutos.Si sus padres aceptaron lo irremediable fue por medio de tatuajes, cicatrices y el reporte antropológico de especialistas, que concluyó ser la estructura dental de los finados, con las identidades de los suyos.

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