- #OpiniónYAnálisis Por #OscarGlenn
Finalmente este lunes, a cuatro días de haber recibido de la Cámara de Diputados el dictamen de la reforma a leyes secundarias en materia electoral, la Comisión de Estudios Legislativos, Segunda, aprobó las modificaciones propuestas por el Presidente Andrés Manuel López Obrador con algunos ajustes que logró impulsar el mismo Monreal, pero sin ganar un mínimo de convencimiento entre la oposición.
La inconformidad del zacatecano dentro de Morena por la desigual “competencia interna” por la candidatura presidencial y la distancia que ha abierto con el Presidente, hicieron prever que no sería tan dócil como otros legisladores de su partido y así se evidenció cuando señaló al Secretario de Gobernación este lunes, en la sede legislativa, que hay 21 bloques de nuevas medidas propuestas que pueden ser inconstitucionales y logró que fueran aceptados cambios en 6 de ellos por el emisario del Ejecutivo, pero subsisten quince cuestionables.
A esta altura es difícil aceptar que la obstinación por impulsar reformas tan importantes se haga de forma trompicada y las potencialmente controvertibles respondan al mero interés urgente de economizar recursos y de reducir las atribuciones del árbitro electoral en el que nunca han confiado a pesar que, desde la Reforma del 2014, el sistema electoral configurado por el INE y los OPLES ha procesado 330 elecciones federales y locales en paz, dando lugar a la alternancia política y la gobernabilidad. Ojalá que no se pierda de vista que una Reforma Electoral no se construye a contrarreloj ni de manera unilateral.
¿A qué se atienen con esta insistencia, pese a que sus propios expertos han advertido que este Plan B incluye muchos elementos cuestionables y con altas probabilidades de ser rechazados en la Suprema Corte? Ojalá que no tuviéramos que pensar en el escenario que ya conocemos, en que se cuestiona la confiabilidad del árbitro electoral y a partir de ello se crea el ambiente para rechazar resultados electorales que no favorezcan al partido en el poder, hoy obstinado con cambiar algo que probadamente funciona.
Ojalá no nos dieran a pensar que confían en que pueden incidir en las decisiones de la Corte Suprema. Estamos presenciando cómo se trata de poner en juego el futuro del sistema democrático, funcional, confiable y perfectible, que curiosamente ayudaron a construir cuando eran oposición. ¿Se olvidaron de escuchar a las minorías, como tantas veces lo reclamaron enérgicamente?