Por: Jessica González
El valle de Morelia fue habitado por grupos indígenas antes de la llegada española.
Antes de ser llamada Morelia, esta tierra que forma parte del territorio del actual estado de Michoacán, cuyo nombre proviene del náhuatl Michihuacan, que significa “lugar o pueblo de pescadores”. Esta región pertenecía al área de Mesoamérica, específicamente a la zona conocida como el Occidente de México. Hace entre cuatro y seis mil años, comenzaron a establecerse grupos humanos en las cuencas de los lagos de Chapala y Cuitzeo, marcando así el inicio del poblamiento en la región.
Diversos pueblos llegaron a asentarse en Michoacán, pero fue el grupo purépecha (también llamado tarasco) quien logró imponerse y consolidar un dominio sobre gran parte del territorio. Otros grupos importantes como los nahuas, otomíes y matlatzincas también formaron parte del mosaico cultural que habitó la región. En especial, los purépechas y nahuas del posclásico habitaron la zona del lago de Pátzcuaro, donde practicaban la agricultura y la pesca como actividades principales.
Durante el siglo XIII, un grupo de cazadores-recolectores purépechas liderados por Hireti-Ticátame se asentó en Naranxan, cerca de Zacapu. El contacto con comunidades más desarrolladas provocó tensiones que llevaron al grupo a emigrar primero a Uayameo (hoy Santa Fe de la Laguna) y posteriormente a fundar Pátzcuaro como su centro ceremonial. Fue en el siglo XIV cuando Tariácuri unificó a varios pueblos bajo un solo mando, dando origen al Estado Purépecha, una de las civilizaciones más importantes del occidente mesoamericano.
El valle de Guayangareo, sitio donde actualmente se encuentra Morelia, fue ocupado entre los siglos XIV y XV por el pueblo matlatzinca, quienes participaron en la defensa del imperio purépecha. A su llegada, fueron conocidos como pirindas, “los de en medio”, debido a la ubicación estratégica del valle, que ellos llamaron Patzinyegui. La presencia de estos pueblos sentó las bases para la posterior fundación de la ciudad durante el periodo virreinal, marcando el inicio de una nueva etapa en la historia del lugar.