Cuenta la leyenda que le cambiaban zapatitos al Niño Doctor y al día siguiente ya estaban sucios; se cree que salía a sanar a los enfermos.
Por primera vez el Niño Doctor de Tepeaca encabezó la Procesión de Viernes Santo, que éste año cumplió su edición número 28.
La Procesión de Viernes Santo sigue siendo una de las más concurridas del país, ya que el año pasado se registró una asistencia aproximada de 160 mil personas, lo cual la hace una de las procesiones más grandes de México y América Latina y ahora, con la suma de los devotos del Niño Doctor Tepeaca, se espera que las cifras finales arrojen al menos diez mil participantes más, ya que tan sólo mil personas formaron parte del contingente que acompañó desde Tepeaca a la imagen, incluyendo al presidente municipal, Sergio Salomón Céspedes, y el padre Vicente Díaz Santiago, vicerrector del Santuario del Niño Doctor.
El Niño Doctor de Tepeaca llegó a la ciudad de Puebla alrededor de las nueve de la mañana y tuvo como sede temporal el templo de la Compañía, junto al edificio Carolino, y desde ahí salió en procesión para llegar a la Catedral de Puebla, donde se incorporó con el resto de las imágenes.
Las imágenes, y grupos procesionantes se reunieron alrededor de las 11:30 horas en el atrio de la Basílica Catedral, desde donde, después de una breve reflexión del arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, iniciaron su recorrido por las principales calles del Centro Histórico.
La XXVIII Procesión de Viernes Santo comenzó con la imagen del Niño Doctor de Tepeaca. Cuenta la leyenda que le cambiaban zapatitos y al día siguiente ya estaban sucios de lodo, como si hubiese salido a caminar; se cree que salía a sanar a los enfermos.
Las demás imágenes son las cinco que ya son tradicionales en la procesión, por representar a la virgen María y a Jesús en la ccrucifixión:
La Virgen Dolorosa del Carmen. Obra quizá del siglo XVIII (atribuida a José Villegas Cora) muestra la calidad de los imagineros poblanos de esa época, como las facciones y expresiones adecuadas. Se encuentra en la capilla de Santa Teresa del Templo del Carmen.
Nuestra Señora de la Soledad. Es de factura sevillana de finales del siglo XVII. Desde su arribo despertó gran devoción al grado de que dio origen a su magnífico templo y al convento anexo de religiosas Carmelitas descalzas.
Jesús de las Tres Caídas. Se venera en el Templo de Analco y la leyenda afirma que cuando estaba siendo tallada, el escultor no permitía ninguna presencia, salvo un ciego. Cuando estaba concluida el ciego le pidió al maestro tocar el rostro de la imagen, recuperando la vista de inmediato. El milagro la hizo de una gran popularidad y devoción.
Jesús Nazareno de San José. Es una imagen de finales del siglo XVI. Su escultor Lorenzo Rodríguez fue aprehendido por la inquisición, logrando que su imagen fuera al Templo de San Pedro, donde empezó su veneración. Las autoridades decidieron trasladarlo a la parroquia de San José, donde dio lugar a la Cofradía de Nazarenos, que es la más antigua de la ciudad. La devoción dio lugar a la construcción de una suntuosa capilla.
El Señor de las Maravillas cierra la procesión y es quizá la imagen más venerada de la ciudad. Las religiosas agustinas de Santa Mónica la ganaron en una rifa. Una novicia descubrió que durante la noche, la imagen era azotada por dos soldados romanos que formaban parte del “paso”. El suceso causó conmoción y dio lugar a la gran veneración. Su nombre proviene de las maravillas que su devoción ha logrado.