#OpiniónYAnálisis por #JavierMartínez
Javier Martínez
Hay momentos en la política en los que las narrativas oficiales dejan de bastar para tapar las grietas de la realidad. Esta semana, el movimiento en el poder parece haber cruzado ese umbral. Entre el asedio constante de investigaciones desde el exterior, acusaciones de narcopolítica y una creciente marejada de tensiones internas, el oficialismo enfrenta una de sus crisis de credibilidad más complejas al arranque del sexenio y una preocupación electoral que los tiene “con el agua hasta el cuello”.
Lo que desde la tribuna matutina se insiste en presentar como “cohesión idílica” y “ataques de la prensa”, puertas adentro muestra los destellos de un barco navegando en aguas turbias. La acumulación de frentes abiertos ya no solo desgasta la imagen de la administración central, sino que pone a prueba la gobernabilidad de un partido cuya acelerada expansión territorial empieza a pasar factura.
En la última encuesta de Pulso MX publicada por Polls.mx el 25 de julio, Morena solo tiene ventaja en 4 gubernaturas de las 17 en disputa; su aliado el Verde lleva ventaja en San Luis Potosí; Movimiento Ciudadano en Campeche; el PAN en Chihuahua, Sonora, Baja California, Aguascalientes y Querétaro; el PRI en Zacatecas, Nuevo León, Sinaloa, Colima, Michoacán y Tlaxcala. La preocupación es real; revertir la situación es complicado, sobre todo cuando el hijo del líder moral tiene que informar su parentesco para ser recibido en los hogares tabasqueños.
Esto ha provocado el adelantamiento visible de cuadros partidistas rumbo a las próximas contiendas y ha encendido las alarmas sobre el cumplimiento de los tiempos legales. La postura de derivar la responsabilidad de manera exclusiva al Instituto Nacional Electoral (INE) o al tribunal contencioso busca desmarcar al Ejecutivo de la disciplina interna de sus filas, proyectando una conveniente neutralidad mientras la maquinaria proselitista continúa su marcha en el territorio.
El fuego cruzado ya no viene únicamente de la oposición doméstica, sino del norte. Las publicaciones de medios de alto impacto internacional como The New York Times, apuntando a pactos de cooperación e intercambio de información confidencial entre figuras clave del partido y agencias estadounidenses para anticiparse a investigaciones, colocaron contra la pared a figuras de peso regional como Alfonso Durazo y Américo Villarreal.
La respuesta institucional ha seguido el libreto habitual: descalificar la veracidad de los reportes y calificar las versiones como infundadas. Sin embargo, cuando la diplomacia y las agencias extranjeras entran al juego, el simple desmentido mediático resulta insuficiente para disipar la sospecha pública.
A la par de las filtraciones, el retiro o cancelación de visados a gobernadores y altos funcionarios por parte del gobierno de EE.UU. dejó de ser un rumor de pasillo para convertirse en un tema de agenda pública. Frente a cuestionamientos directos, Claudia Sheinbaum sostiene que la pérdida de un visado es “un asunto estrictamente personal” y envía una señal ambigua. Tratándose de servidores públicos de primer nivel en un contexto de cooperación bilateral en seguridad, el tema deja de pertenecer al ámbito privado para convertirse en un asunto de interés nacional y de seguridad gubernamental.
Quizás el frente más delicado para la conducción del país no está afuera, sino adentro. Pese a las declaraciones oficiales que insisten en una militancia unida, los choques en el Poder Legislativo —como el reciente pulso de bancadas contra la titular de Bienestar, Ariadna Montiel— evidencian que las tribus internas disputan espacios de poder con agresividad. Cuando la disciplina parlamentaria se resquebraja hasta el punto de exigir la remoción de perfiles clave del gabinete, la narrativa de la “unidad monolítica” se desmorona frente a la opinión pública.
El remate de este panorama se libra en la agenda institucional. Mientras por un lado se firman decretos en materia de transparencia de contratos —atendiendo exigencias de rendición de cuentas—, por el otro se impulsan lineamientos sobre derechos de las audiencias que generan natural suspicacia en el gremio periodístico y de medios de comunicación. Defender que no se limita la libertad de expresión argumentando la existencia del “derecho de réplica” en las mañaneras pasa por alto el desequilibrio de poder entre el micrófono presidencial y la labor periodística independiente.
La acumulación de estos acontecimientos configura un escenario de alta exigencia estratégica. Negar las tensiones, culpar a agentes externos o confiar en que la fuerza de la marca partidista resolverá por sí sola los choques de intereses es un cálculo de alto riesgo. Si el oficialismo no procesa sus contradicciones internas y responde con contundencia y claridad a las interrogantes sobre su integridad, las grietas de hoy podrían convertirse en las rupturas del mañana.
La desesperación no solo se ha mostrado en los actos anticipados de campaña, para conquistar a La Mayoría Silenciosa, atribuir la entrega de los programas sociales a una persona y cooptar a los medios de comunicación; advierten que Morena tiene el agua hasta el cuello.
Registro de líneas telefónicas: prueba de fuego para La Mayoría Silenciosa
Solo faltan unos días para que el gobierno federal corte las líneas telefónicas que no se han registrado de acuerdo con sus exigencias. La Mayoría Silenciosa ha mostrado su desacuerdo desdeñando el registro de sus números y ha estirado la liga lo más que se pueda. Los primeros en padecer la medida serán los números con terminación en “0”; de su resistencia depende que los demás aguanten los embates gubernamentales.
Pocos han pensado en los pros y contras de la medida, ya que el celular se ha convertido en una herramienta básica de comunicación, conectividad, recreación, trabajo y hasta administrativa; tener una línea fija puede ser la solución para comunicarse. En contraparte, quienes tienen su aplicación bancaria en el Smartphone sufrirán para hacer movimientos, pagos o transferencias. Porque muchas de las otras acciones se pueden hacer desde una computadora. Veremos hasta dónde resiste la liga.