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De héroes a capos: la transformación de los corridos en México

por Editor Ultra Noticias

Rocio Aguirre

Como los corridos pasaron de ser crónicas populares de resistencia a convertirse en himnos de poder y violencia.

Los corridos nacieron como una forma de narrar la historia del pueblo mexicano desde sus propias voces. Durante el siglo XIX y, sobre todo, en la Revolución Mexicana, estos cantos contaban las hazañas de líderes como Pancho Villa o Emiliano Zapata, denunciaban injusticias y exaltaban valores como la valentía, la justicia y la lucha por la libertad. Eran el noticiero del pueblo, una crónica oral con ritmo y guitarra.

Con el paso del tiempo, el género evolucionó. A mediados del siglo XX surgieron corridos dedicados a los migrantes y trabajadores, reflejando las experiencias del campo, la frontera y las ciudades. Pero a partir de los años 80, con el crecimiento del narcotráfico en México, apareció una nueva narrativa: la de los narcocorridos. En ellos, los protagonistas ya no eran héroes populares, sino jefes del crimen organizado, presentados como figuras de poder, riqueza y astucia, muchas veces por encima de la ley.

En los últimos años, el fenómeno se transformó aún más con los llamados corridos tumbados, que fusionan regional mexicano con trap y otros géneros urbanos. Estos nuevos corridos, interpretados por artistas jóvenes, hablan de armas, drogas, lujo y estatus, y se han vuelto sumamente populares entre sectores juveniles. Aunque el debate público se ha intensificado, el atractivo de estas canciones parece crecer junto con las redes sociales y el abandono institucional.

Aunque hay esfuerzos oficiales y artísticos por promover corridos que no exalten el narcotráfico, la música seguirá siendo un reflejo de la sociedad que la consume. Sin oportunidades reales, justicia social o un sentido de esperanza, la narrativa del poder rápido seguirá resonando en letras que glorifican el narco. Los corridos militares y anti‑narcocorridos son pasos hacia una visión cultural más saludable, pero no reemplazan la necesidad urgente de soluciones estructurales como lo es la educación, empleo digno y participación social para combatir el origen del problema.

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