- Opinión y análisis por Vanessa Meléndez.
Es marzo, el mes de la mujer, el mes morado y en el marco del Día Internacional de la Mujer el mensaje es claro. No más violencia. Pues ante los incrementos en los números de este fenómeno es lamentable que la mujer siga siendo violentada. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía del año 2016 al 2022 las cifras contra la violencia de género se han incrementado en un 4%. Esto significa que las acciones para prevenir y erradicar la violencia, no están dando resultados. Pues cada día, 340 son víctimas del delito, según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Pero de las denuncias que las mujeres presentan ante el Ministerio Público sólo el 0.9 por ciento tiene una solución al caso denunciado. Terrible ¿no? Que una mujer que es víctima, termina no solo cansada y fastidiada del procesos judicial que la lleva a enfrentar a su agresor. Teniendo que vivir y revivir algo que quisiera eliminar de su vida y que pasan meses y años para que, sí ella lo logra, pueda obtener justicia.
Todos los días muchas mujeres tienen que salir de su hogar a trabajar, pero también a hacer ejercicio, a estudiar, a divertirse y lo seguimos haciendo a pesar de tener miedo, porque nuestro país es considerado como una de las naciones con más feminicidios en América Latina y en el mundo. Entre los estados más peligrosos se encuentre el Estado de México, especialmente por uno de sus municipios: Ecatepec.
Todas esas estadísticas, estos números, estas cifras son mujeres que tenían un nombre y que fueron brutalmente asesinadas por sus parejas, por sus padrastros, por personas en las que ellas confiaban como el caso de la bebé Milagros violada y asesinada con tan solo dos años de edad, o Fátima Aldrighetti de 7 años, Ingrid Escamilla, Alicia Cortés, Fátima Quintana, Adriana Sarmiento, Idaly Juache Laguna, María Guadalupe, Deisy Ramírez, Selene, Karla, Ángelica, Arlet, Evelyn, Nancy y millones de nombres más que quizás las autoridades piensan que el tiempo borrará, pero que sus familias, que sus mujeres cada año salen a las calles para gritar sus nombres, para pedir justicia, para poder encontrarlas y a exigir que su nombre no se olvide.
Soy mujer, me siento orgullosa de serlo, pero también me da miedo, por mi madre, por mi hija, pues es peligroso: ser libre, es peligroso exigir nuestros derechos y hacerlos valer; porque la justicia fue hecha por los hombres, porque la igualdad y la equidad (aún en nuestros días de innovación y tecnología) sigue siendo una falacia.
Por eso el llamado es para que los padres y madres de familia cambien el pensamiento de los niños, que las autoridades modifiquen su actuar, que en las escuelas se abra más el dialogo de la equidad y de la igualdad, que en los hogares los hombres se involucren en las tareas domésticas, que las mujeres no callen las injusticias, que nuestros jefes nos respeten y que como sociedad no solapemos la violencia. Es tiempo de cantar y de bailar por la libertad.