Los denominados soldados blancos que pelean la guerra en contra del COVID-19, no solo se enfrentan con la discriminación de la pandemia, sino también con la frustración que genera la muerte de pacientes que escribieron una carta de despedida en los hospitales donde solamente salieron en cadáveres para su cremación.
A 12 meses del virus, Lía Ivón Candia, enfermera que trabajó en el Hospital de Ortopedia Rafael Moreno Valle, argumentó que jamás se acostumbró a la muerte, pues en su caso vio morir a 15 personas y todavía se enfrentó a la discriminación de amigos y familia, quienes se alejaban de ella por el hecho de vestir de blanco.
Mencionó que llega un momento donde los pacientes entienden que morirán, que deciden escribir una carta de despedida para sus familiares, luego de que no están con ellos dentro del hospital para evitar su contagio.
Eduardo Villegas también vive la frustración del virus como paramédico de la Secretaría de Salud, pues sabe que necesita corazón frio para su labor, no por el hecho de atender un posible caso de COVID-19, sino porque manejará una ambulancia a exceso de velocidad para tratar de salvar una vida.
La peor experiencia que tiene en 12 meses de pandemia, dijo, fue un traslado de Zacatecas a Puebla de un paciente contagiado, pues casi al llegar a territorio poblano murió y este paciente solo le agradeció su esfuerzo por tratar de salvarlo.