#OpiniónYAnálisis por #PeríclesDeBuenHierro
Perícles De Buen Hierro
Una exigencia jurídica frente a la violencia en los estadios
La violencia en los estadios de fútbol constituye un fenómeno persistente que vulnera no solo el orden público, sino también derechos fundamentales como la integridad personal, la seguridad y el libre acceso a espacios recreativos, pues hemos sido testigos de cómo supuestos aficionados, escudados en una mal entendida “pasión”, convierten los recintos deportivos en campos de batalla. Poco les importa si a su lado hay menores de edad, adultos mayores o mujeres. Lo ocurrido recientemente en Argentina, durante un partido de la Copa Sudamericana, es un ejemplo alarmante: más de 10 heridos graves y 177 detenidos tras enfrentamientos que incluyeron bombas de estruendo, proyectiles y hasta armas blancas.
México no ha sido ajeno a esta problemática. El episodio más crudo ocurrió en marzo de 2022, durante el partido entre Querétaro y Atlas en el estadio La Corregidora. Las imágenes de violencia desatada entre aficionados dieron la vuelta al mundo y obligaron a las autoridades del fútbol mexicano a tomar medidas urgentes. Entre ellas, la credencialización de los grupos de animación y la implementación del FAN ID, un sistema de identificación que busca tener mayor control sobre los asistentes a los estadios.
Pero a más de dos años de su puesta en marcha, cabe preguntarse: ¿ha funcionado realmente el FAN ID? ¿Han disminuido los hechos violentos? ¿Qué otras autoridades deben involucrarse para erradicar este problema?
El FAN ID es un documento obligatorio para ingresar a los estadios, que permite identificar a cada aficionado mediante datos biométricos. En teoría, debería facilitar el control y la seguridad. Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes. Según cifras de la Liga MX, de los 3.3 millones de aficionados registrados, solo 92 han sido bloqueados por conductas indebidas. Esta cifra contrasta con los numerosos casos de violencia que siguen ocurriendo, como los registrados en la jornada 5 del actual torneo en Monterrey, Guadalajara y Puebla.
Además, la violencia ha escalado fuera de los estadios: disparos en las inmediaciones, agresiones a elementos de seguridad y hasta apuñalamientos, como el ocurrido en el estadio Akron tras un clásico tapatío. La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) ha manifestado su intención buscar apoyos para tipificar como delito la violencia en los estadios y no dejar de presentar ante los ministerios públicos a quien actué de manera indebida dentro de los inmuebles deportivos. También se han propuesto campañas de concientización y entornos seguros para los asistentes.
Pero hay obstáculos técnicos que no pueden ignorarse. La falta de conectividad y de infraestructura adecuada en varios estadios ha dificultado la correcta implementación del FAN ID. Si no se resuelven estos problemas, el esfuerzo por recolectar datos biométricos habrá sido en vano. Al respecto, cabe recordar que la autoridad garante del derecho a la protección de datos personales, en su momento sanciono a la FMF por inconsistencias en el tratamiento de datos personales biométricos.
La erradicación de la violencia en el fútbol exige una estrategia integral que involucre a los clubes, autoridades judiciales, legislativas, organismos garantes de derechos humanos y protección de datos personales, así como a actores privados como patrocinadores y medios de comunicación. La corresponsabilidad es clave para construir entornos seguros y respetuosos.
Como bien dijo Johan Cruyff: “El fútbol siempre debe ser un espectáculo”. Pero ese espectáculo debe estar garantizado por el Estado de derecho, por políticas públicas eficaces y por una ciudadanía comprometida con la convivencia pacífica, promoviendo el regreso de las familias a los estadios. Porque nadie debería temer que una tarde de fútbol se convierta en una experiencia amarga por culpa de quienes confunden la pasión con la barbarie y la ausencia de controles institucionales y culturales.